Octubre 13, 2007
Hay momentos en los cuales uno debe tomar una decisión que vaya más allá de simples palabras o de una rebeldía sin un fin específico, siempre justificada por nuestra edad. Cuando empiezas a hundirte en la tierra en la que estás pisando, es mejor dar un paso de lado y hasta en algunos casos, también cambiarse los zapatos, pues a veces llevamos lodo en ellos. Hay varias condiciones para llegar a eso, mis dos puntos de vista.
El primero es limar con esas sensaciones de represión que uno lleva adentro, creadas y enseñadas por la sociedad y que sin querer dejamos que este aprendizaje se vuelva el más dañino y agresivo: quiere a todos y todo primero, antes que a tí. ¿Cómo dar algo que no tenemos? ¿Como dar cariño cuando ni siquiera lo tenemos por nosotros mismos?. Te piden adorar a Dios, a tu madre, a tu padre, a tu prójimo, a las autoridades, hasta te enseñan día a día como hacerlo. Pero ¿quien te enseña a quererte a tí mismo?
Mi segundo punta de vista es que tenemos siempre en mente que no queremos dañar a alguien, pero a veces sin querer nuestras palabras y actos o nuestra simple manera de ser afectará a las personas que amamos, es ahí cuando te sientes mal por ser tú mismo, y no encuentras un refugio o un rostro confiable, pero ahí está el proceso de liberación. La soledad nos hace únicos, reflexionamos de acuerdo a ellos en lo que somos y en lo que hacemos. La finalidad es sentirse libre de una sensación opresora, independización de los prejuicios. Pareciera que a veces es un mal darte cuenta de lo que sucede, la sensibilidad se agudiza, pero también la experiencia, lo que lo hace valedero, pues de ella depende nuestra seguridad, medio para la libertad. Hay que aprender a quererse, es la única forma de ser libre y realmente poder querer y vivir plenamente.
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estima, liberación, represión |
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Escrito por kaoticmind
Octubre 13, 2007
Mi habitación es mi refugio, donde me oculto y creo, donde mis estados de ánimo, mis sueños y mis miedos convergen. Tengo una nueva habitación, me costará convertirlo en un nuevo refugio. En la ventana, las luces de la calle de noche me daban una especie de sensación a angustia.
Cometí un error: mezclar el mundo de afuera con el de adentro, cuando deberían ser dos cosas distintas. Las paredes blancas acentúan ese vacío. Hoy colgaré un cuadro en mi cuarto, en la pared que, estadísticamente, es la más propicia que mire al despertar. Habrá un dibujo con una sonrisa grande y elegante así como una mirada tierna y anhelante, tendrá a su vez un texto que se lea: “Hoy es genial”. No “será”, no “puede”. Sino simplemente “es”. Pues en eso quiero que se convierta.
Las paredes blancas serán pintadas con colores cálidos a mi gusto, reflejando quien soy, pues si mi espíritu se congela cuando no hay asombro y solo hay ansiedad y tristeza, deberé buscar entre lo más mínimo para contrarrestarlo. En las otras paredes, vacías también colgaré repisas, y las llenaré con mis libros y algunas fotos. Cada cambio es algo nuevo, y lo nuevo siempre es convertido en lo bueno. Nada me perturbará en mi lugar, para que contaminar – si con los cigarrillos me basta – de tanta mediocridad de autismo intelectual. En vez de retomar como un problema o virtud la existencia, explotar cada segundo y claro, representarlo en cada rincón de esa habitación.
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armonía, habitación | Etiquetado: texto espacial. |
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Escrito por kaoticmind
Octubre 13, 2007
Cuando uno se da cuenta de sus errores pasa por una crisis terrible de identidad. Lo primero que haces es empiezar a delirar como cambiar. ¿Cambiar? Un mal comienzo. La idea sería asumir. Sin más riñas e intentando colaborar, no reprimir, gritar talvez y a la vez ser más cauto, todo es como un juego. Es que notarás que las reglas del juego vienen impresas en la vida: elegancia y cortesía, eso cura todo mal o lo libra de culpa.
Luego de darte cuenta de las reglas, puedes a vivir deliberadamente, pero si las sigues nadie te dirá más, y tu idea de cambio tan frustrada se volcará. Sabrás que tus acciones basadas en ellas no afectarán a nadie. Antes que todo, hay un factor más: la seguridad. ¿Quién o qué te la da? Pues nadie o nada. Sólo tú. Y sonará fácil pero no es tanto así. Se aprende o a lo más ligero, se finge. Una que otra es una constante práctica. Pero finalmente, cuando seas un capo en el juego, te darás cuenta de lo que vale la pena y lo que no, y lo deliberado no será destructivo más bien será productivo.
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cortesía, elegancia, reglas del juego | Etiquetado: orden cronológico |
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Escrito por kaoticmind
Octubre 13, 2007
Somos una generación que está compuesta de espíritus inquietos en un mundo donde las nubes tienen color a depresión; los observadores de la destrucción del hombre por el hombre en las ciudades donde el silencio es un tesoro y donde la tranquilidad se convierte en el egotismo absoluto del placer. Pero no nos convertimos a la masa, pues no nos conformamos como el resto, ser parte de la gente común: la influenciada, la corrompida, la desorientada, la hasta indiferente a su realidad. Pareciera que camináramos en contra de ellos, mientras ellos andan en avalancha. Nos miran con caras de susto, en cambio nosotros los miramos con caras de esperanza. Basamos nuestras frustraciones en su conformismo o alienación, mientras ellos nos juzgan por ser diferentes a lo que ellos llaman sociedad. Los usamos en nuestras tertulias con ganas de crear un mundo mejor, ellos susurran entre sus prejuicios. Aunque todo sea así, o peor, no nos rendiremos. Cuando uno le encuentra un fin a su vidad, la frustración más grande deja de ser parte de un concepto social y pasa a serlo de nuestra mediocridad como humano.
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generación del caos |
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Escrito por kaoticmind