Reglas del juego

Cuando uno se da cuenta de sus errores pasa por una crisis terrible de identidad. Lo primero que haces es empiezar a delirar como cambiar. ¿Cambiar? Un mal comienzo. La idea sería asumir. Sin más riñas e intentando colaborar, no reprimir, gritar talvez y a la vez ser más cauto, todo es como un juego. Es que notarás que las reglas del juego vienen impresas en la vida: elegancia y cortesía, eso cura todo mal o lo libra de culpa.

Luego de darte cuenta de las reglas, puedes a vivir deliberadamente, pero si las sigues nadie te dirá más, y tu idea de cambio tan frustrada se volcará. Sabrás que tus acciones basadas en ellas no afectarán a nadie. Antes que todo, hay un factor más: la seguridad. ¿Quién o qué te la da? Pues nadie o nada. Sólo tú. Y sonará fácil pero no es tanto así. Se aprende o a lo más ligero, se finge. Una que otra es una constante práctica. Pero finalmente, cuando seas un capo en el juego, te darás cuenta de lo que vale la pena y lo que no, y lo deliberado no será destructivo más bien será productivo.

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