- !Me parece genial! Entonces dame tu número.
- 42.
- Listo, ¿qué más?
- ¿Qué más? En zapatillas soy 43.
- No bobo, me refería al teléfono. Así te llamo por tu cumple.
- ¡Vaya! Pensé que querías regalarme un par de zapatos.
Muchas veces esperamos más del resto. Pero aún así casi nunca somos directos, pues parece ser una regla urbana. No es como pedir a la carta en restaurante. Pides una pizza continental, pero sin cebollas y con extra de mozzarella, entonces te tienen que traer esa pizza exactamente como la pediste. Pues es esa su dinámica: no ordenaste solo “una pizza”, la ordenaste exactamente como quisiste. En nuestra dinámica de engranaje social exigimos más que cuando vamos a un restaurante y encima pedimos que adivinen que queremos. Si no es así desconsideramos a la otra persona. ¿Acaso no es irónico? Es que la sutileza es un arte, pero a la vez es un mal social que finge serlo todo en lo que llamamos buenos modales. Si queremos que se den cuenta que nos molesta algo ponemos infinidades de caras, pretextos o silencios. ¿Cómo adivinar?