“Porque bonita, no eres”

La belleza suele ser una condición que suplanta la intelectualidad y viceversa. Los concursos de belleza tanto como los concursos de “los que más saben” siempre me parecerán miserables. Estos suelen ser dignos etiquetadores de la mediocridad humana: la felicidad hedonista y la incentivación a lo absurdo. Qué más triste que ver a nuestra sociedad consusmista llenándose de ideales penosos: un título pagado para ser feliz, una operación al busto, un premio de matemáticas sin saber quién fue Pitágoras, un premio de belleza cuando todo es una máscara de maquillaje, etc. Y la frustración viene cuando buscamos e idealizamos a quienes lo consiguieron convirtiéndonos en calcamonías fallidas de esa mediocridad. La belleza y la intelectualidad sin razón, sin arte, sin sentido de procreación mutua, no sirve para nada. O talvez sirva para algo, ¡claro que sí!, para aumentar una masa penosa de gente más manejable por la mano miserable del poder.

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