Usualmente encuentro la persona ideal para amar. Esa persona que te provoca la intención de cogerla de la cintura y llenarle de besos el rostro y la atención de tomarte el tiempo de pronunciar una palabra ensalzada en emoción o de contratar otra vez a tu lado romántico que hace el trabajo de relacionista público de tu lado racionalmente perverso o aburrido. La situación-conflicto se posa en la degustación, y el riesgo a correr es este sentimiento de deberle atención explícita a alguien (uno o más) para no dañar las estadísticas de tu valoración.
Lo real viene a ser que este eclipse de sentimientos nunca acaba, hasta que tu rating se desmorone, y consigas la forma de filia perfecta para contrarrestar el bajón emocional, los sentimientos encontrados y la pérdida de confianza. En sí, el sentirte un miserable que juega con sentimientos, cuando en realidad no es así: simplemente es tu tendencia acuariana de brindar amor y recibir atención ¿Pecado? Quién sabe. Pero antes que tentación más pareciera una labor.
Ante todo esto y ante otras actividades que me acaecen (llámese universidad y laburo), he decidido jubilarme y madurar. Ser amigo fiel de las situaciones afortunadas y guardar silencio en las de infortunio, dándo un pésame o simplemente augurando con una sonrisa de lealtad un grato porvenir. He decidido usar lentes negros ante la seducción e introducirme al arte para dirigir mi excitación de joven tigrillo en una ciudad de casas pequeñas y de promiscuidad insaciable como sus ansias de crecer físicamente. Regresar sin embargo a la capital de los errores y de los reyes de discreto encanto absurdo, y promulgar mi existencia con algo respetablemente inteligente. Hasta ese entonces, un trabajo arduo me espera.
Escrito por kaoticmind 