Está bien. ¿Me dejas continuar? Lo necesito. Porque si antes me esforzaba por una meta específica ahora solo me limito a usar la varita mágica de mi inteligencia – o astucia – para ocultar la miseria de mi flojera. Un día a la vez, conociendo el mundo que me rodea, creando las reglas de un juego misterioso, donde quien pierde es quien se queda dormido. No sé si es la nostalgia de acostarme sobre el famoso mueble rojo escuchando las olas del mar y creando un futuro con hojas de papel bond, o es esta ansiedad que me deja el fumar una cajita de cigarros antes de acostarme caminando por las calles oscuras de esta ciudad, a la que le tengo un respeto poco sincero.
Huir, es la palabra que alienta en mí una exitación. Huir de algo que mi análisis aun no comprende, y acercarme a algo que se asemeja a un quiebre de todas mis expectativas. ¿Qué puede faltarme? Tengo todo lo que necesito y, sin embargo, todo lo despecio, como si fuera mi mejor deporte. Pero, ¿qué es en realidad lo que necesito? Dejar que mis pesadillas sean alimento para hadas que buscan monopolizar los cerebros para que las cosas sean agradable y comunes. No, no es mi estilo. Prefiero vagabundear por charcos de ilusiones que crean material para futuras enciclopedias, a ver si le atino a alguna.
Las calles pueden ser encantadoras rutas de escape con el viento golpeandote el cuerpo. Las rutas más precisas para la inspiración. Qué manera efectiva de congelar el tiempo sin imágenes que denotan sensaciones. Ahora, no quiero parar de apreciar las cosas más inestables del mundo, las cosas que lo mueven, los terremotos que produce el ser un humano. Si el caos es visto como algo negativo, entonces qué es lo positivo. Mi intención es comulgar esos desvaríos de locura que llaman insensatez y desafiar al llamado sentido común, porque todo es una dinámica: la dinámica del caos.
