Es lunes. Y de repente, mi corazón se convierte en una brújula que late hacia el norte. Entre demonios encontré un ángel que produce bilis en mi razón, pero su metálica dentadura puede condensar mi rabia y convertirla en amor. No entiendo mucho de relaciones, suelo ser una metáfora para la historia de la vida de los seres que me rodean. Pero entiendo que los castillos de naipes son bonitos pero frágiles, con un soplido todo se derrumba, y si la flojera no te gana puedes volverlo a armar. Los ladrillos pueden ser muy pesados, pero pueden construir algo más fuerte, y es necesario golpear con fuerza para poder desmoronar todo el trabajo que pudo haber costado. Mis sentimientos suelen ser naipes, pero lo que siento por ti va llegando al cielo, ladrillo por ladrillo.
Me gustaría que dejes de entrar a hurtadillas en tus pensamientos más oscuros sobre mí. Me gustaría tener una parte de tu cuerpo al día y armarte, para que puedas decir que sientes mis manos aun tocando tu piel. No pretendo robarte ni un segundo de tu tiempo, pienso regalarte más momentos juntos, para que con orgullo puedas decir que este mundo es nuestro. Sabes bien, que odio tus ironías cuando ya mi ceño está fruncido y no puedo morderte la oreja para que te calles de una vez. Pero también sabes que no hay deseo más profundo que mirar tu cabello despeinado en la mañana, ganar tu risita extraña por la tarde y tocar tu cintura por debajo de tu ropa, cuando la gente no mira, cuando la gente no sospecha, cuando es noche y la luna tiene esa extraña forma frutal que concede una sonrisa llena.
Somos esos extraños humanos que parecen estar siempre en un debate o en la recta final de un juicio importante cuando amenazan nuestro orgullo. Y te exalta el hecho que toque las heridas que nunca cerraron como un chiquito que no sabe como decir “te quiero”, mas que gritando un “te odio” cuando no le das la razón. Tú te sumerges en la ciencia mientras yo pronostico el arte. Ambos rompemos las etiquetas y queremos formar la tierra del todismo, el perfeccionismo y las fantasías como aventuras de realidad.
No importa hasta donde lleguemos, solo importa llegar contigo. Y seremos los actores de un guión creado por nosotros, mientras las cenizas caen sobre el café, mientras mis ojos sigan encendiendo cigarrillos solo al verte, mientras mis labios se conviertan en dulces cuando te beso, mientras mis oídos escuchen tu tierna voz, mientras nuestras piernas se entrelacen cuando el invierno se escabulla debajo de las sábanas, mientras mis manos aun puedan recorrer tu piel como un tren, mientras me hagas enojar, mientras me hagas sonreír… Mientras me digas un te amo, yo regresaré a ti como un yo-yo. Porque mi corazón solo tiene una habitación, una cama y no hay televisor, solo una tibia chimenea y muchas melodías para danzar cada día, al saber que aun estás a mi lado, aunque lejos o cerca, a mi lado.
