Me preguntas porque mi vicio con los cigarrillos, yo doy un soplido y pareciera que la gente desaparece en una profunda humareda. Miro tu rostro y me imagino que Picasso deforma el entorno para enaltecer tu seriedad. Me convierto en un extraño animalejo que solo quiere amanecer en silencio jugando con tu espalda, sin embargo solo escucho gritos de lo que debería aprender para caminar derecho sin tropezar. El cuello bien derecho con el cuello pegado al pecho y algunos cuadros en el abdomen, podría también pegarme un sticker de Mattel, me quitas la envoltura y me conviertes en tu Ken. No pues, prendo otro cigarrillo, enciendes la música. La misma canción de la chica enamorada en el año de un felino, por fiera o por ociosa, quién lo sabe. Me ignoras, miro muchos rostros, cuerpos noctámbulos, me imagino historias como letras en libros antiguos, me empujas, despierto. No es que te olvide, es que tu olor se convierte en mi hogar. Estás en todos lados como un lunar en mi frente, démosle una forma graciosa para que no te desesperes, talvez sea una nube o talvez uno de esos besos que te quitan el sueño.
Es de noche, me discutes el hecho que mi rostro parezca Italia en el año 45. En menos de 5 segundos me puedes decir que soy un demonio, el amor de tu vida, un reptiliano, con quién quieres pasar el resto de tus días, un vampiro, lo mejor de tu vida, un idiota, el único que te ha hecho el amor de verdad. Y es que hay luna, puedo ser lo que tu desees. Mi rostro pálido puede tener una sonrisa inmensa preparada para tí, mi manos frías se pueden convertir en fogata para tus pies, mi labios resecos pueden gruñir cerca a tu cuello mientras encuentran la oración clave, mis ojos oscuros pueden iluminar un pasaje oscuro para que no te tropieces luego.
El chofer no puede alcanzar a ver nuestras manos entrelazadas, cuando el tráfico está libre acércate más y nos burlamos del espejo retrovisor. No me pidas cordura, nunca me he sentido tan feliz. Segundos antes de declararme derrotado, un haz de luz podría conquistar los miedos y declararme el ganador. Y no existe un trofeo más grande que la libertad, no aquella que vocean los rebeldes sin causa ni aquella que ansían los malhechores o los rehenes. Más bien, es ese sentimiento que implica que todo lo que quieres lo tienes en tus manos y está debajo de tus pies. Tu mano y la acera que sigo para llegar a tu corazón cada día un poco más.
