Un idiota

diciembre 9, 2011

La ventana quedó abierta y la neblina salía de la habitación. Una cajetilla vacía tirada en el piso y otra por comenzar, las colillas como flechas de cupido tiradas en el piso podían simular la devastación. El tiempo pasa rápidamente, no lo vas a sentir, solo te tocarás la frente y la sentirás áspera con pequeñas líneas como las carreteras de las ideas que nunca concretaste. Deja de pensar, te equivocarás más, tus lamentos se esconden en tus nudillos cuando la cólera traspasa el concreto de las paredes. No hay rincón del burro del salón para ti, pero si existe una corona que los seres malos le llaman conciencia. Se apagan las luces de la ciudad y comienzas a temblar, te asorda el silencio y empiezas a traicionar a tu orgullo.  No te adjudiques ahora la fragilidad de un ser humano, cuando solo has mostrado la máscara de hierro y has disimulado que tu huesos tiemblan ante el miedo con una sonrisa llena de frialdad. ¿Sigues lamentándote? Paciencia, paciencia. Las rocas no lloran, solo cae la lluvia sobre ellas.

Te advirtieron que era peligroso intentar ser otro por miedo a parecer una gelatina delante de quien tu alma reclama. No existe boleto de avión ni de autobús que te planifique la huida al país del éxito y de las maravillas, cuando ocultas en tu mochila su mirada de tristeza reclamándote un abrazo tierno o una caminata de la mano al otro lado de la orilla, para estar ocultos del sol y poder ser lo que nadie más conoce, y poder ser lo que todo el mundo desea. ¿Ya tienes las manos calmadas? Recuerda que tus pensamientos horizontales han tenido consecuencias verticales. La mejor salvación de la torpeza es aprender a perder o a intentarlo con pasión hasta que los huesos duelan pero el alma recompense.


Necrosapito

diciembre 3, 2011

‎- “¿Qué es lo que te fumas para estar tan feliz? Te ves tan feliz que me da ganas de meterte una patada, pero antes, dime qué demonios haces.”

- En realidad, en mi cráneo incrustaron a Excalibur. Y perturba mis emociones generando un dolor de cabeza espacial, de esos que tergiversan las ideas y pronuncian suicidios a la paciencia. Igual sonrío, porque cabe la esperanza de encontrar un necrosapito en mi habitación.

- ¿Un necrosapito? ¿Qué demonios es eso? ¿Acaso es una mascota nueva tuya o es un nuevo chocolate que aún no he probado?

- No es nada de eso, no tiene envoltura ni tiene correa para pasear. Es libre y salta, pero me condena con su sinceridad a arrastrarme y a dar brincos imperceptibles en el sol.

- ¿Acaso te estás enamorando? No es bueno tomar un juicio certero con tu vago razonamiento. Ningún médico que conozcas podrá prescribirte la cura para evitar que te ilusiones.

- La creatividad es dueña de mis emociones, cuando se acaba, no sonrío, no pienso, no existo. No quiero vivir condenado a simplemente vivir de cenizas después de echarle queroseno a mi corazón. Quiero levantar las cejas cual conquistador en la flamante noche mientras descubro palabra a palabra, mirada a mirada si es el territorio a conquistar o si simplemente la operación se debe abortar.

- ¿Crees que tú decides en realidad? ¿Crees que puedes ser consciente de dónde vas a llegar?

- No importa en realidad, cada noche un vampisaurio encuentra un necrosapito en su habitación.


Módulo 13.

diciembre 3, 2011

Oculto mis piernas temblorosas debajo del escritorio. Solo respondo atinadamente sin expresión como un robot inteligente ante reclamos de efusivos seres microencolerizados por su flamante torpeza o ignorancia sobre lo que firman o adquieren. No quiero fregarlos, solo ayudarlos, pero es mi manera, siempre he sido así. No sonrío, te regaño y aprendes. Los protocolos y esas vainas me aterrorizan, son como si taparas con lentes de sol las legañas en los ojos. Sigo tecleando sin mirar al teclado y mirando el reloj. Me levanto, comento, sonrío, retorno, me siento, quito la sonrisa. Un lindo módulo, me gustaría llenarlo de dinosaurios y poner música de alguna bandilla extraña mientras te acercas paso a paso y adivino por tu rostro a qué te acercas. Me sonríes a veces, me conversas, en realidad descubres que no me interesa tu problema. Pero igual de una manera u otra intento salvarte de tu negligencia. Algunas veces me atropellas con preguntas como si lanzaras ases cortantes a mi cuello y me dejas sin habla, te fregaste, porque sé las respuestas y si no las sé, me las invento con coherencia y me las crees sin duda alguna. A veces vienes a atacarme como si yo fuera dueño de esta empresa y como si tu desgracia fuera a llenar mis bolsillos. Lo siento, no es así, fácil peleamos, es divertido, igual te vas consciente que conmigo no es la cosa, igual engañamos ambos, igual mentimos todos. Todos tenemos de qué quejarnos, yo de mi sueldo, tú del servicio. Todos vivimos inmersos en la subcultura del reclamo infundado, pero es cierto: “quien no llora, no mama”, o si prefieres, le puedes dar la baja. Y ahí estaré para retenerte con mil excusas y ahí estarás para entenderlo todo como gran accionista de tu inversión.


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