- “¿Qué es lo que te fumas para estar tan feliz? Te ves tan feliz que me da ganas de meterte una patada, pero antes, dime qué demonios haces.”
- En realidad, en mi cráneo incrustaron a Excalibur. Y perturba mis emociones generando un dolor de cabeza espacial, de esos que tergiversan las ideas y pronuncian suicidios a la paciencia. Igual sonrío, porque cabe la esperanza de encontrar un necrosapito en mi habitación.
- ¿Un necrosapito? ¿Qué demonios es eso? ¿Acaso es una mascota nueva tuya o es un nuevo chocolate que aún no he probado?
- No es nada de eso, no tiene envoltura ni tiene correa para pasear. Es libre y salta, pero me condena con su sinceridad a arrastrarme y a dar brincos imperceptibles en el sol.
- ¿Acaso te estás enamorando? No es bueno tomar un juicio certero con tu vago razonamiento. Ningún médico que conozcas podrá prescribirte la cura para evitar que te ilusiones.
- La creatividad es dueña de mis emociones, cuando se acaba, no sonrío, no pienso, no existo. No quiero vivir condenado a simplemente vivir de cenizas después de echarle queroseno a mi corazón. Quiero levantar las cejas cual conquistador en la flamante noche mientras descubro palabra a palabra, mirada a mirada si es el territorio a conquistar o si simplemente la operación se debe abortar.
- ¿Crees que tú decides en realidad? ¿Crees que puedes ser consciente de dónde vas a llegar?
- No importa en realidad, cada noche un vampisaurio encuentra un necrosapito en su habitación.
